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CIUDADAN@S CABREAD@S, denunciando al sistema.

PARTIDOS Y ACCIÓN POLÍTICA. UNA REFLEXIÓN

PARTIDOS Y ACCIÓN POLÍTICA. UNA REFLEXIÓN

 

Los partidos tuvieron su siglo 20, las oenegés no salvarán el 21. La acción política, el compromiso social, la militancia y seguimiento de las ideas tienen que dar un giro definitivo en la dirección humanista de enormes sociedades de derechos. “Hábeas Corpus” contra “Razón de Estado”. La modorra convenida de la política estadounidense está haciendo aguas –quién lo diría– por la parte más débil: los presos (de Abu Ghraib o de Guantánamo). La llamada “ejemplar transición española” la están poniendo en evidencia no los partidos de izquierda (unida o desunida) sino los muertos (de la memoria histórica). De izquierdas es aglutinar proyectos como puños, denuncias de valor universal, iniciativas que satisfagan el altruismo cósmico y no utópico que nuestra cabeza concibe.

 

1.       Recordemos la detención de Pinochet. Supongamos que Saddam Hussein llega a declarar ante el Tribunal de la Haya. Imaginemos que prospera la Plataforma Juicio a Aznar. Ante esas pasiones de jurisdicción universal, campañas y elecciones como las pasadas europeas carecen de emoción.

2.       Europa es una vergüenza que debería sonrojarnos. Con el consentimiento de prensa y clases medias, la clase capitalista europea mantiene su bota en Israel y en todas las botas por donde sangran la explotación y la plusvalía. Exportamos de todo menos igualdad, libertad o fraternidad. Sin embargo, nos dice el tonto del voto en el telediario: en Israel hay elecciones, Israel es una democracia. Y en nombre de la democracia se modifican los mapas y el Macabbi de Tel-Aviv juega ligas europeas contra el Madrid o el Barcelona.

3.       Seguimos en la antigua Grecia. Lo que llamamos democracia es sufragio y reparto entre iguales o casi. Berlusconi hace berluscona a la sociedad que lo elige. Francisco Camps se revalida con sus votos. El envilecimiento de Israel, Italia o Valencia es un Dios los cría y ellos se juntan: el gobernante es uno de los nuestros. Lo dijo el vicepresidente Guerra cuando puso despacho a su hermano Juan: ¿es que ustedes no harían lo mismo?

4.       Después del Muro de Berlín y después del Once Ese, malos tiempos para partidos y sindicatos de izquierda. La derecha quiso (y en ello está) cantarnos por oenegés, voluntaristas maneras de un mundo sin bloques comprometido, consciente, solidario y ecológico. Qué bonito. Qué bonita Greenpeace y qué vistosas las acciones de cuatro profesionales para salvar el Planeta. Qué bonitas Unesco, Fao y Unicef.

5.       Pero en esto que llegan las elecciones y las oenegés, haciendo por una vez caso a su apellido (no gubernamentales), no pueden presentarse. Todos los días del año pensando en claves de oenegé, llegan las urnas hay que votar a partidos. Para sacar del baúl o de la uci a los políticos (se lleva hablar mal de los políticos), los medios dan en primera noticias de campaña con personajes secundarios o montan debates cara a cara entre los dos grandes líderes para fomentar el bipartidismo que ningunea a las minorías. El tercer truco consiste en quien no vote, que no se queje, como si semejante farsa fuese la única manera de civismo o ciudadanía. Votemos pues, que más pasadas están las monarquías, y aquí estamos, en el Reino de España; más rancios son sires y lores, y ahí que siguen con su Cámara frente a los Comunes. Votemos pues, que en democracia el abstencionismo es plácida marca del bienestar, se suma al ganador, y santas pascuas.

6.       Sobre el tapete de las promesas, la ciudadanía debería hacerse (se está haciendo ya) la ingenua. La Declaración Universal de Derechos Humanos se puede volver contra su propia palabrería. Oiga, que aquí pone que tengo derecho a una vivienda. Mire que tengo derecho a un trabajo digno. Los medios de comunicación permiten en cualquier parte una conciencia irrenunciable. Igual que nuestra gente de la Eso dice al profe: no me toques, que te denuncio por malos tratos, el subsahariano que baja de la patera aterido y muerto de hambre dirá al guardia de turno: sin empujar.

7.       Si en Occidente lo suyo es hacer que los derechos escritos se reflejen en la vida real, en otras partes, en el Islam político (tomo la expresión de Orhan Pamuk), es justamente al revés: hay que ir contra el pie de la letra escrita, contra escrituras que todo lo tienen regresivo, regresiva la Sharia, regresivos los barbas imanes que interpretan la Sharia, regresiva la vuelta a los polígamos pastores de ganado.

8.       Nada es gratuito. Fomentando una religión se fomentan todas (política de cuotas) y a imagen del Islam, la Iglesia y otras iglesias se han revalorizado. El engreimiento del PP y de la Conferencia Episcopal bebe de cuotas de poder que está en la alianza de civilizaciones: quien pierde es el laicismo. Tomemos la defensa de la vida y alrededores, ese imaginario colectivo de hijas de familia al sexo a tope que, con píldora del día después y ley de aborto, matarán a sus criaturas. O tomemos el caso Marta del Castillo, todos somos Marta y queremos el endurecimiento de las penas. Sin olvidar que sigue habiendo muchísima víctima del terrorismo. Esa carcoma, de colegios privados y pijos de trajes regalados, es la que se ha volcado en las urnas en las últimas europeas. Vistos los resultados, hay Psoe para rato.

9.       Frente a las consignas pro vida o pro libertad, lo mejor es hacernos los tontos o los listos, creernos lo que quieren que nos creamos: que vivimos en un país libre y en el mejor de los mundos. Un país libre (y democrático) no puede consentir la enseñanza en colegios privados o concertados que imparten doctrina contra el Estado; y lo religioso podría ser lo de menos: lo de más son los cuatro idiomas y los cinco másteres que unos harán y otros no harán jamás. En un país libre (y coeducado) no se puede consentir que, por razones las que sean, las muchachas se tapen y sus hermanos no. Un país libre (y solidario) no toleraría la mendicidad, nadie hurgando en los contenedores. Un país libre (y justo) no puede enterrar, con Bolonia o sin Bolonia, el principio que tanto costó ganar de igualdad de oportunidades. Un país independiente no depende de lo que diga Obama de Oriente Medio, Corea, Cuba o Guantánamo. El nacionalismo integrista tiene razón: una España grande y libre no puede consentir banderas distintas a la grande y libre, como pasa en Rota o en Gibraltar.

10.  Izquierda Unida o quien ocupe su lugar en la izquierda ya podría (porque se puede, porque no cuela la vieja amenaza del golpismo en los cuarteles): impulsar el Juicio a Aznar; impugnar la cacareada transición española, lo que incluye revisar históricamente lo que fueron los Pactos de la Moncloa, denunciar la Constitución Española, redactada bajo presiones militares, actualizar los acuerdos con la Santa Sede que no se mueven (con ventaja para la Iglesia) desde 1979. Izquierda Unida o quien sea ya podría denunciar la Ley Electoral y la Ley de Partidos, exigir que se cumpla con cargo al presupuesto la Ley de Memoria Histórica y proponer la jubilación de la Monarquía, contraria a la igualdad. La izquierda debería encender debates sobre: separación Iglesia Estado, desarrollo y leyes para un laicismo definitivo, por una escuela pública y única; descolonización de Ceuta y de Melilla, Gibraltar español, Otan no, bases fuera; una España neutral en el concierto de unas Naciones Unidas reformadas, prohibición de la guerra como forma de resolver conflictos entre naciones o pueblos, la obligada vuelta a las conferencias mundiales de desarme.

11.  A la juventud que anda buscando salidas profesionales y está desorientada con la crisis hay que decirle: la humanidad necesita tres áreas de ilusión y de futuro y ninguna es precisamente la política ni el ejército: hace falta Derecho para defender la justicia, hace falta Medicina para mejorar la vida, y hace falta Enseñanza y Comunicación para entender lo que pasa. Y pasa que vamos hacia una sociedad de sociedades cada vez menos impunes. Todo se sabe y quien la hace la paga: torturar, contaminar, lo que usted hizo, jefe, en Auschwitz o en Tiananmen. Eso incluye la Guerra del Golfo y la cárcel de Abu Ghraib (quiera Obama o no quiera); incluye el muro y las matanzas en Palestina (diga lo que diga Israel) y, aquí en España, incluye reparar los abusos y la desmemoria del golpismo criminal de 1936 (les guste o no a Fraga y a Carrillo y diga lo que diga la familia de García Lorca). Tribunal de la Haya, Corte Penal Internacional, llámense equis o crímenes contra. A denunciar, a denunciar, hasta enterrarlos en el mar.

 

daniellebrato@hotmail.com, ZonaElTendedero.blogspot.com, 12.06.09

 

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